Mi trasplante parte cuatro. El cadáver de la mosca

Aquí puedes leer las primeras partes de esta historia:

Mi trasplate parte 1: Pablo y César.

Mi trasplate parte 2: Tere y "Me voy, pero volveré".

Mi trasplante parte 3: mamá.

Las cosas mejoraron cuando subí a planta. A los pocos días me sacaron dos de los cuatro drenajes. Fue una de las sensaciones más desagradables que he sentido nunca, sentir cómo tiraban de esos tubos, tan anchos como un dedo meñique, que me perforaban los pulmones, y que me cosieran los agujeros sin ningún tipo de anestesia. Y a los dos días, los otros dos drenajes. Al menos, cada día estaba un poco más libre, con menos cables. También me quitaron la sonda de la nariz por la que me "alimentaban". Que en realidad, era contraproducente para mí. Por culpa de ésta me sentía incapaz de tragar las pastillas. Me dolía la garganta y no podía comer. Pero la sonda también se fue.

A los 9 días de mi trasplante, tuve apendicitis. Sí, buena fortuna la mía. Pero tardaron en darse cuenta de ello, porque en realidad no me dolía demasiado, ya que estaba hasta arriba de morfina, por lo que los médicos decidieron rebajarme los calmantes para averiguar si me dolía lo suficiente como para ser apendicitis. Y sí, lo era. Y sí, me dolía. Si has tenido apendicitis y sabes lo que duele, súmale el dolor de una cicatriz de lado a lado debajo del pecho. De nuevo a quirófano.
Comenzaron la operación tratando de hacer una laparoscopia (Exploración de la cavidad abdominal mediante la introducción de un laparoscopio a través de una pequeña incisión) Ésto supone que me extirparían el apéndice a través de unos pequeños cortes en el ombligo y el abdomen, que hincharían metiendo una especie de gas en mi estómago, pero debieron de darse cuenta de que no era demasiado adecuado hacer eso después de un trasplante. Se dieron cuenta después de rajarme el ombligo. Así que bueno, en resumen, me operaron de apendicitis con media laparoscopia... para al final rajarme de un lado, como en la vieja escuela. No sé muy bien qué pasó, pero las cosas terminaron así. No importa; estoy bien.

Pasaban los días y el dolor de las cicatrices se aguantaba, pero la espalda comenzó a torturarme. Era demasiado tiempo en cama, en la misma postura; mirando al techo, mirando a la nada. Y os contaré una historia que me hizo pensar mucho:
Sobre mí, en el techo, había un compartimento aparentemente cerrado, como un hueco para poner una bombilla, en el que había una mosca muerta descansando sobre el cristal. Estuvo ahí todo el tiempo, los 29 días que estuve en esa habitación. Nadie se daba cuenta de que ese ser se descomponía sobre mí, excepto yo. Y nunca se lo dije a nadie. Estuvo a mi lado, a su manera, las 24 horas del día. Esa mosca había visto cada segundo de mi dolor, cada paso de mi recuperación, todo el rato. Y yo no me sentía lo suficientemente fuerte como para estirar los brazos, subirme a una silla, sacarla sus restos de ese diminuto espacio, y dejarla descansar en paz.
No dejaba de pensar que quizá esa mosca podía ser yo. Ser un cadáver bajo la tierra, mientras el mundo seguía su curso. Y entonces me di cuenta de que esa mosca era como mi donante. Él estaba ahí fuera, "encerrado" en algún lugar, y yo nunca podría hacer nada por Él, sin embargo, Él lo había hecho todo por mí. Sino Él, su familia. Y mientras la mía celebraba la vida, en algún lugar cercano, alguien lloraba la muerte. Nadie esperaba que yo viviera demasiado tiempo. Nadie esperaba que Él viviera tan poco.
Y la mosca seguía ahí, sobre mí, velándome todas las noches. Solo yo entendía lo que era saber que esa mosca estaba muerta, y yo seguía viva, consciente de que su cadáver contemplaba mi resurgir.

No debía avergonzarme de mis cicatrices, de mis 88 puntos, de mi pecho, de mi abdomen. ¿Por qué ocultarlo? Es lo que soy, y lo que soy no es ofensivo, no es obsceno: es dolor, superación, y vida. No importa dónde se sitúe. Había una única persona, aparte de mí misma, a la que debía gustarle. Y la hay.

Y llegó el día en el que me dijeron que debía irme, y enfrentarme a una nueva de vivir, a un mundo diferente, a un mundo mejor. Y me fui de ahí sintiendo que abandonaba a la mosca, que quizá algún día no pensaba en ella, pero que ella, de un modo u otro, siempre estaba ahí, sobre mí, velándome.


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Aquí podéis leer el resto de entradas que componen este blog. 

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6 comentarios:

  1. Como relato. El peor de las 4 partes.
    Y yo si que esperaba que vivieras mucho tiempo mas, porque se que ha gente que puede con todo

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  2. Perdon, 3 partes. Es que da la sensación de que falta algo

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    Respuestas
    1. Hola!
      De hecho, sí que son 4 partes. Y aún quedan cosas por contar. Espero que la siguiente te guste más.

      Gracias por comentar :)

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    2. Toda tú eres increible. Me encanta leerte porque te escucho hablar..Como tantas y tantas veces que te interrogué..Eres muy transparente Andrea ����

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  3. Me chifla leer tu Blogger y tus entradas, yo también tengo fibrosis quistica, pero no estoy trasplantada, tengo 17 años, y por mi 17 cumpleaños uno de los regalos de mi mejor amiga fue tu libro "sólo respira" y no te puedes imaginar la gran ilusión que me hizo, principalmente porque parece que ne estaba leyendo a mí misma, con el tema de las hemoptisis la capacidad etc... Me pareces increíble y tu gran capacidad para poder plasmar en letras toda una vivencia tan grandiosa. Mil besos ��

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