El mismo muerto de siempre

Una vez estuve enamorado. Estuve enamorado de Ella, pero a día de hoy, no sé por qué la abandoné. No sé por qué me fui. Pero me marché. No sabría decir cuánto tiempo ha pasado desde ese momento, pero han sido años. O eso me parece. Aún la veo por la ciudad, deslizándose a algún lugar que desconozco, y eso me parece extraño. No saber a dónde va, de dónde viene, a qué hora se ha levantado, ni si se ha acordado de desayunar. Porque a veces se le olvida. O se le olvidaba. A pesar de que la veo, Ella no me ve. Me lo dejó muy claro “Mira bien mi cara, porque nunca se sabe cuándo volverás a ver a una persona.  Y para mí ya estás muerto”. Y desde entonces, no me ha vuelto a ver, ni aunque pase por su lado.

Cuando estoy con una mujer, lo vivo tan intensamente que creo que al fin he vuelto a enamorarme. Y así una y otra vez, una y otra mujer. Pero cuando se acaba, de nuevo pienso en Ella. Nunca me acuerdo de mi última compañera, ni de la antepenúltima, ni de la anterior. Solo de Ella. Siempre.
La echo de menos. Quizá no a Ella, puede que solo a esa sensación que tenía con Ella. Aunque eso es Ella; sensaciones. Un torbellino de todo un poco. Si pudiera la abrazaría. Sé que nunca volverá a pasar, pero me encantaría hacer eso. Ni siquiera quiero volver con Ella, eso no podría pasar, nunca nos perdonaríamos demasiadas cosas, ni somos las personas que fuimos en aquéllos años. Tampoco quiero acostarme con ella. Pero me gustaría verla desnuda. No en plan porno. Solo de esa forma en la que Ella se desnuda y se queda dormida boca abajo, siempre boca abajo. Entonces le acariciaría la espalda y el pelo mientras la contemplo.

Pero yo estoy muerto, y Ella está cada vez más viva. Si antes la amé, ahora me volvería loco si la tuviera, porque es la versión mejorada de sí misma. Es mejor de lo que nunca ha sido.

Yo nunca volveré a ser lo que era; seguiré siendo el mismo muerto de siempre. 


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