Mi querido Cabrón

Mi querido Cabrón:


Olvidé que te quería. Lo hice de ese modo en el que olvidas tu mejor vestido en el fondo de un cajón y no lo echas de menos hasta que vuelves a toparte con él, dándote cuenta de que ninguna otra prenda te hacía sentir más guapa. Porque así me hacías sentir tú; la más guapa entre todas las mujeres porque, entre todas las mujeres, tú me habías elegido a mí.

Olvidé que era fuerte, olvidé que no solía llorar. Olvidé que había más personas en este mundo, porque solo era capaz de verte a ti.

Me sentía afortunada. La vida, las constelaciones, el universo, la Tierra o quién sabe qué te puso en mi camino. Podía disfrutar de tus caricias, de tus abrazos, de tu sonrisa. Sobre todo tu sonrisa; era lo que más me importaba. Deseaba que siempre estuviera ahí. Deseaba que mi nombre curvara tus labios. Mi querido Cabrón, tu sonrisa fue mi error.

Pero ha pasado mucho tiempo, y aún hoy sé que podría volver a ponerme ese vestido, pero ahora me doy cuenta de que con él tengo frío. Que me hace sentir bien un rato, pero me voy congelando poco a poco. Con él no soy yo, no me siento cómoda. Dios, siento tanto frío con ese vestido.

Mi querido Cabrón, nunca fuiste más que un simple vestido. Esa clase de vestidos que duran poco tiempo puestos, ese tipo de vestidos que se ponen para quitarse rápido.

Mi querido Cabrón, olvidé que te quería, si es que el amor se puede olvidar en algún sitio. Olvidé que sonreías, olvidé cómo hablabas. Solía olvidar que existías. Pero hoy te he recordado. Te he recordado, porque hace mucho frío.



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