Cuando tenga que marcharme

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–Me estoy muriendo –le dije a Lucas, que me miraba desde el mugriento asiento en el que solía sentarse. Me tumbé en un sillón cercano que no recordaba que estuviera ahí, y respiré hondo, dejando que el oxígeno que salía de los tubos me llenara los pulmones.
–Todos nos morimos. La vida es como una carrera vista del revés: gana el que más tarde llegue a la meta, pero todos nos dirigimos al mismo sitio. Y tú no vas a llegar antes que yo, ni antes que muchas personas. Conseguirás tus pulmones sanos, y serán unos pulmones resplandecientes y perfectos para ti. Porque puedes hacerme lo que quieras; puedo soportar que rompas conmigo, puedo soportar que me odies, incluso odiarte yo a ti, pero no puedo perderte para siempre. No puedo soportar que mueras.
Se produjo un largo silencio en el que nos dedicamos a mirarnos. Me costaba mantenerme despierta, pero hacía grandes esfuerzos por tener los ojos abiertos. Lucas se levantó y se acostó en el sofá conmigo.
Extendí el brazo y cogí de la mochila abierta que colgaba en mi silla de ruedas un libro viejo.
–Como sé que te gusta garabatear libros, he marcado un pasaje de éste para ti –le dije mientras le extendía el ejemplar–. Lee en la página 145.
Lucas ojeó un poco las páginas antes de comenzar a leer.
–“La vida tiene que seguir cuando tenga que marcharme. Si muero hoy, el sol saldrá mañana de todas formas. Tú seguirás ahí, siendo la increíble persona que sé que eres. No permitas que yo cambie eso, que te transforme en algo peor, en un ser deprimente, en lágrimas y desolación: si me quieres, no me hagas eso. No podré descansar si sé que te convierto en un Limbo en la Tierra. Cuando tenga que marcharme, déjame ir, porque no puedes retenerme. Cuando tenga que marcharme, llora, grita, enfádate, pero vuelve a levantarte, mira el sol del día siguiente, y recuerda que aún hay cosas por las que vivir. Cuanto tenga que marcharme, recuérdame, pero que no te duela, que no te entristezca, porque he sido feliz, porque te he querido, y porque mi vida ha merecido la pena. Cuando tenga que marcharme, recuerda que hiciste todo lo que pudiste por mí, que me regalaste tus días, tu fuerza y tu esperanza. Y yo estaré ahí, en tu recuerdo, en tus horas, en tus sueños y en tus alegrías, porque en ellas quiero estar presente. No me conviertas en un recuerdo doloroso, no quiero ser tus lágrimas, sino tus sonrisas. Volveremos a vernos, lo juro, esto solo es un viaje. Cuando tenga que marcharme, recuerda que siempre estaré contigo.”
Cerró el libro y lo examinó durante un buen rato. Le acaricié el pelo y me embriagué de su aroma todo lo que mi atascada nariz me permitía. Me dormí durante un rato, hasta que el sonido de su voz me despertó.
–Te has ablandado, Olaia Pardilla.
–¿Pardilla? ¿Qué te he hecho yo para merecer tan vil insulto? –Mi voz sonaba apagada, turbia por la ronquez de mis flemas.
–Deberíamos subir a la habitación. Se hace tarde.




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1 comentario:

  1. amo solo respira, soy de argentina mamá de irupe tiene fq 6añitos hermosa como vos muy lindo tu libro hay veces q hasta lloro o me rio sola al leer muchos bsos y abrazos, suerte

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